martes, 21 de mayo de 2019

Noticia.



Familia y escuela: expectativa versus realidad





Por Mariángeles Castro Sánchez (*)

Todo comienzo es una oportunidad. Así entendido, el inicio del ciclo lectivo enmarca un conjunto de expectativas sobre el desarrollo del año que atraviesa a los diferentes actores: padres, docentes y también alumnos. De tal modo vivenciamos el arranque: chicos de estreno con mochilas abultadas, padres deseosos de volver a sus rutinas y maestros con objetivos intactos que esperan ser cumplidos. Nuevos vínculos comienzan a forjarse en un clima de entusiasmo y altas posibilidades.

La postal es casi idílica. Acompañamos a los chicos a la puerta y los despedimos con abrazos y recomendaciones. Pero ¿qué sigue después? ¿Qué estamos dispuestos a aportar como padres para asegurar el éxito del proceso? Del otro lado del umbral se sitúan los maestros que los reciben en sus aulas. Cuando cierran por fin la puerta y quedan a solas frente al grupo, ¿cuánto pesa el afuera? ¿Prestan atención al contexto más amplio y trabajan para integrarlo? ¿O continuamos funcionando como estancos? Los acuerdos básicos son en todos los casos necesarios y este no es la excepción. La apertura debe ser recíproca: familias y escuelas, en un ida y vuelta. Instituciones educativas ambas, más allá de los decálogos de buenas intenciones largamente recitados, nos preguntamos cuáles son las prácticas concretas que las vinculan. Y cómo pueden contribuir, cada una desde su espacio, a que la interacción se traduzca en progreso hacia una educación a la altura de las generaciones venideras.
Unir expectativa y realidad, superando la antinomia. Es este el desafío. Escuela y familia, agentes socializadores de primer orden, conscientes de su responsabilidad, deben salir al encuentro, resolver tensiones y accionar de manera coordinada. La escuela, de puertas abiertas al entorno comunitario más amplio. La familia, manifestando un compromiso activo con la educación de sus miembros, sabiendo delegar lo delegable y asumiendo rectamente lo propio.

Es claro que ellos, niños y niñas, descubrirán el sentido de su escolarización y aprovecharán al máximo la experiencia si previamente sus padres la consideran valiosa y así se lo transmiten, mediante una disposición empática y una presencia dialogante. Este anclaje resulta insoslayable y es un nudo crítico en sociedades en las que la información está al alcance de todos en cualquier momento y lugar. En épocas en las que se impone formar un criterio que distinga lo central de lo periférico, lo primario de lo secundario, lo banal de lo relevante. Y en las que es preciso obtener una visión global de realidades que se despliegan fragmentadas y difusas.

Y es aquí donde la educación parental y la académica confluyen, quizás hoy más que nunca. En la necesidad de un enfoque formativo integral y a la vez personalizado que afiance a la familia en su rol educador e impulse a la escuela a explorar nuevos formatos y dinámicas. La coherencia vendrá dada por una mayor articulación que posibilite trascender la dispersión de mensajes, contenidos y valores. 
Y por la expresión de un pacto fundacional que dé cuenta de esta toma de conciencia. Sabemos que en este ejercicio nos estamos jugando el futuro.

Porque detrás de todo, despejado cada elemento accesorio, encontramos el cabal sentido de las cosas: hechos, conceptos y relaciones. Aquí es donde emerge la consistencia que moldea a la persona en formación (que somos todos). Cuanto más a niños y jóvenes, que son receptividad pura a los múltiples estímulos y manifestación concreta de la aceleración en la que estamos inmersos. Comencemos por lo micro, que es un punto de partida auspicioso. Que este impulso inicial nos mueva a la reflexión, a cada uno desde su rol. A preguntarnos qué estamos dispuestos a dar para estar a la altura de nuestras propias expectativas, de esas muchas que solemos tejer en los albores de nuevas etapas. Y cuál será nuestra contribución para que, llegados al final del trayecto, la realidad nos devuelva, ampliada y viva, la imagen mental que proyectamos por estos días.


(*) Directora de la Licenciatura en Orientación Familiar del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.

Consejos


¿Qué significa cuidar a un niño?

La familia es el espacio en que los niños realizan sus primeras experiencias de interacción. La alianza se organiza entre él y sus cuidadores primarios, quienes facilitan y guían este desarrollo.
Según el estudio "Desarrollo emocional" de Unicef, las funciones primarias de los padres deben ser:

Materna:

-Aporta la lengua con la que se comunicará el bebé. Todos los niños nacen con la capacidad de hablar cualquier idioma, pero sólo adquieren la lengua del cuidador que los cría.

-Es un continente afectivo y efectivo de las sensaciones del bebé.

-Transforma el hambre en satisfacción, el dolor en placer, el desamparo característico de los humanos en tranquilidad.

-Estimula la energía psíquica del bebé.

-Le da sostén al niño y le va presentando el mundo que lo rodeará y en el que vive, a través de los objetos.

-Ayuda al bebé a diferenciar su mundo interno del externo.

Paterna:

-Permite que el bebé aprenda a vivir sin tanta dependencia y comience su camino de autonomía, interviniendo en la intensa relación del bebé con su madre.

-Pone reglas y organiza el funcionamiento del niño para que establezca su mundo vincular incluido en relaciones más amplias.

-Como función normativa, es portador de las pautas culturales del medio social. Esto permite que el niño termine de incorporarse al medio social al que pertenece. Distingue lo prohibido de lo permitido, lo seguro de lo inseguro, lo saludable y lo tóxico, lo obligatorio y lo efectivo.

El trabajo de promoción, prevención y asistencia es posible si se realiza en red, con todos los sectores que intervienen en la primera infancia.

Consejos.

Qué necesitan hoy los chicos.

-Vínculo de apego seguro: promovido por los padres. Se los acompaña a madurar saliendo del estilo tiránico '¡quiero ya!' a otro más confiado. Esa confianza la trasladarán a la escuela.

-Autoestima alta: permitirá que toleren rechazos, desilusiones y pérdidas. Padres y maestros deben tratar de valorar a cada niño como ser único y querido. Cuidar que las exigencias sean las adecuadas.

-Agresividad sana: les permite defender sus puntos de vista y enojarse cuando corresponde sin esconder ni deformar lo que sienten. Para ello: darles derecho a 'protesta' –no siempre se puede hacer lo que uno quiere– y aceptar algunos de sus 'no' como respuesta.

-Nuestro modelo: padres y maestros son modelos; primero por imitación y luego por identificación. Se enseña lo que está bien o mal para que adquieran moral y respeto. Tratar de no usar delante de ellos la burla, la ironía, el abuso, la descalificación.

Los niños aprenden de lo que hacen los padres en un 80 o 90 por ciento y de lo que dicen sólo en un 10 por ciento.

-Permanecer cerca de los chicos: los padres deben ser como una brújula. Deber ofrecer además tiempo de calidad –15 minutos por hijo por día– y tiempo de jugar.

Imágenes

 Shutterstock 162


La escuela y los padres deberán entonces ser un equipo que ayude a contrarrestar las malas influencias que muchas veces vienen de parte de la sociedad. "El objetivo no es delegarle la tarea de educar a la escuela, porque su función es enseñar. Puede ayudar y apoyar, pero como socios. Los chicos deben llegar a la escuela con una conciencia moral ya en proceso de formación", puntualiza Seitún.

Imágenes

Resultado de imagen de escuela y familia foto


"Hace falta un pueblo para educar a un niño", solía decir el ex presidente sudrafricano Nelson Mandela. Y cuanto más se estudia al respecto, más fuerza toman sus palabras.

"Los seres humanos vivieron muchísimos años en tribus pequeñas en las que había una proporción de cuatro adultos por cada niño. Todos ellos contribuían a educar, disciplinar y nutrir. Nuestro cerebro está preparado y espera eso. Hoy, en un jardín maternal, consideramos adecuada la educación de un adulto cada cinco niños. Una diferencia de riqueza enorme", señala Maritchu Seitún, licenciada en psicología y especialista en crianza por Ala.

En ese sentido, la especialista asegura que "no mucho tiempo atrás" los temas de crianza se daban por sentados entre padres, escuela y sociedad con el mismo criterio: reglas claras, moral y ética indiscutible sostenida por los adultos, a quienes los más jóvenes respetaban y admiraban.

"No todo era perfecto y muchas cosas cambiaron para bien, hoy vemos a los niños como merecedores de respeto. Pero en otros aspectos nos excedimos en el permisivismo hasta el punto casi de dejarlos solos".

domingo, 12 de mayo de 2019

Video IV

Reflexión


Este vídeo nos enseña que debemos de pasar mas tiempo con nuestra familia, que el tiempo pasa y es imposible de recuperar, que no por darle todo a un hijo sera el mejor que lo que mas necesitan los niños es el cariño y afecto de sus familiares 

Video III

Equipo: La Familia 


Este vídeo nos enseña que cuando tenemos momentos de bajón nos tenemos que apoyar en los demás para que nos ayudes, que todos formamos un equipo y nos tenemos que ayudar entre todos. 

Curiosidades

Vias de comunicación entre colegios, padres y alumnos 1. Página web . La función de un sitio web es reunir toda la información general re...